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Carta del Cibereducador. Una experiencia de amor y aprendizaje

Por enero 5, 2017 Sin Comentarios

Cuando en marzo de 2015 inicié esta andadura no suponía, ni de lejos, lo que iba a aportar a mi vida y el impacto que “ha podido” tener en la vida de las casi 3000 personas con las que he hablado hasta el momento.

Resulta difícil resumir tantas experiencias compartidas, tantas dudas, soledades, angustias, felicidad, compañía, desorientación, miedos… tanto amor y tanta gratitud.

Por elegir, me quedaría con aquella persona que compartió conmigo sus miedos y desasosiego ante un amor que le parecía imposible porque, quien amaba, le había dicho que vivía con VIH. Fue una charla intensa, honesta y resolviendo sus preocupaciones. Lo que comenzó siendo llanto, terminó en un “me voy corriendo a comérmelo a besos y a decirle que lo quiero”. Deseo que sean rabiosamente felices.

Por elegir, me quedaría con esas personas que, tras informarse y hablar conmigo, rompieron sus barreras para vivir felizmente su sexualidad; o para hacerse la prueba de VIH u otras ITS dejando atrás su miedo; o con las personas que, estando lejos de la cuidad, no sabían dónde acudir o a quién preguntar (¡qué hermoso hacerse consciente de lo importante que puede ser eso para alguien que no tiene tan cerca los recursos de los que vivimos en ciudades!).

Por elegir, me quedaría con aquellos que me abrieron su corazón a bocajarro y me compartieron sus soledades, sus pesares más íntimos en la confianza de estar en un espacio seguro y cálido. Probablemente no encontramos soluciones o salidas a todo, sin embargo, encontramos las palabras, la empatía, autoestima… y los primeros pasos de un camino para recorrer y vivirlo. ¡Cuánto me han enseñado!
Por elegir, elegiría a esas personas que acababan de recibir el diagnóstico de positivo a VIH y, de pronto, me encuentran (o me buscan, porque ya sabían de mi existencia). En sus palabras podía leer sus lágrimas, su dolor, su desorientación… charlas intensas, duras, a veces durante días o meses, que se van tornando más tranquilas, con heridas que se van cerrando para abrir puertas a la esperanza, con el dolor poco a poco recolocado allí donde va haciendo menos daño, con llanto que se va convirtiendo en sonrisa hasta llegar a carcajadas, con recursos materiales y humanos a su disposición allí donde no veían salida… y, sobre todo, con ganas de vivir y ser feliz. Ciertamente, la vida se abre paso cuando nuestras manos están tendidas a nuestros semejantes, cuando la humanidad se hace presente y sientes como te acaricia tu ser. ¡Mil gracias!

Por elegir, elijo no tener nombre ni rostro para esas personas, como ellas tampoco lo tienen para mí. Elijo ser escucha y corazón porque “dar amor no agota el amor, al contrario, lo engrandece”. Importa la persona, ¡me importas tú!

Se preguntaba el Principito “si las estrellas se iluminaban con el fin de que cada uno encontremos la nuestra”, yo he encontrado casi 3000 hasta ahora y espero encontrar miles más… En el nombre del AMOR que resume todos los nombres, mil millonarias gracias a todos.

 

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