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Aprender a soltar

Por abril 8, 2016 agosto 27th, 2019 Sin Comentarios

Josema

La vida es movimiento. Es indudable. Su movimiento es hacia delante y esto implica que hay un constante cambio. ¿Y cómo afrontamos los cambios? ¿Nos adaptamos a ellos u oponemos resistencias? En muchas ocasiones, nos vemos aferrados a situaciones, personas, objetos materiales… que han dejado de tener una función en nuestra vida y que ya no aporta(n) lo que aportaba(n) al principio, y sin embargo, ahí siguen, porque de algún modo, lo mantenemos.

Es importante ser consciente de las dos posibilidades con las que nos encontramos. La primera de ellas consiste en fluir con la vida, con lo que nos trae, y la segunda es quedar atrapado con lo que ya se ha quedado obsoleto.

Con el término «fluir», nos referimos a no forzar lo que ha de ser o lo que no ha de ser y de no mantener lo que no se mantiene, y para conseguir esto, tenemos que estar dispuestos a traspasar el proceso de cambio, de duelo, que ocurre cada vez que algo en nuestra vida deja de estar, porque indudablemente hay una pérdida emocional en estas circunstancias, y tenemos que estar dispuestos a afrontar el dolor que supone dejar atrás lo viejo, para seguir con nuestro camino.

Cuando una persona recibe el diagnóstico de VIH, sufre un impacto. Se abre ante ella una etapa en la que siente que la idea, concepto o imagen que tenía de sí misma, no se corresponde con lo que en ese momento está viviendo. Se produce una «no-identificación» con el diagnóstico, la infección y lo que conlleva y siente que el camino que tiene por delante es desconocido y con grandes interrogantes, convirtiéndose en algunos momentos en auténticas barreras que le impiden avanzar como persona. Son momentos en los que siente que todo lo que le rodea es perjudicial, y van apareciendo respuestas como la negación de la infección, el sentirse enfermo o enferma, no ser una persona con Salud… del mismo modo que van apareciendo grandes cuestiones relacionadas con el futuro inmediato y lejano de su vida: “¿Qué pensará mi familia cuando lo sepa?”, “¿Me rechazarán por el VIH?”, “No podré rehacer mi vida jamás”, etc. Poco a poco, va surgiendo dentro de ella un estigma que provoca miedo que, unido al gran estigma social que actualmente existe, conforma un gran obstáculo a salvar.

Es importante, por tanto, una adecuada intervención multidisciplinar que conjunte lo social, lo psicológico y lo médico, ya que si tenemos por objetivo que la persona acabe integrando el VIH en su vida, hay que atajar por todas estas vertientes.

Partimos de la base que las barreras psicológicas son las que más pueden limitar el desarrollo personal, y aquí, desde una óptima intervención a este nivel, es vital aprender a construir un buen apoyo interno, unas bases sólidas que de alguna manera garanticen que, a pesar de los impedimentos, no se va a derrumbar. En definitiva, es aprender a apoyarse en el “SER”, en lo que se es, dentro de las múltiples facetas que se tiene como ser humano (“soy capaz”, “soy desenvuelto/a”, “soy adaptativo/a”, etc.) y empezar a despojarse de la creencia que se tiene sobre las ventajas que da el “TENER” y los condicionantes (“seré feliz si tengo la aceptación de los demás”, “no tendré problemas si no tengo el VIH”, etc.)

Con el Autoapoyo, se aprende a confiar en lo que se es, y ahí empieza a ocurrir algo simplemente maravilloso: la persona comienza a sustentarse en las capacidades que tiene para llevar a cabo acciones que permiten conseguir objetivos y tener lo que cada uno quiere para sí. De forma que, si no se consigue, porque simplemente no está lo que no ha de estar, lo que se es, el «Ser», sigue intacto y no hay impedimentos para seguir avanzando y dando pasos hacia lo que cada uno necesita.

El ir buscando este Autoapoyo permite paso a paso ir dejando espacio libre para acoger a lo nuevo, lo que está por venir. Del mismo modo que cuando se deja ir algo aparece un vacío, aparece una oportunidad. Una oportunidad de poder ocupar ese espacio en algo que llene y aporte algo que a día de hoy no está. Se trata de reconstruir el concepto que se tiene de Salud, de lo que se es, integrando el VIH dentro de todo esto, sin que tampoco se convierta en el eje central de la vida.

Todo es cuestión de renovarse, de ofrecerse la posibilidad de cambiar lo que ya no necesitamos. Una persona que convive con el VIH es capaz de sentirse con Salud, porque ha construido para sí una idea totalmente nueva, en la que ella tiene cabida dentro, sin sentirse discriminada e impotente. Solamente cuando se busca una respuesta a la nada fácil pregunta «¿qué necesito ahora, en este momento de mi vida?» podremos empezar a dar pequeños pasos para conseguirlo y que nos irán acercando a la Plenitud del Ser.

José Manuel Guerrero Peral es psicólogo sanitario colegiado y voluntario de Adhara.